El COVID-19 ha llegado a Gipuzkoa, a Euskal Herria, en un contexto social y político determinado. Por muy poco que sepamos aun del virus, y menos quienes no somos expertos, sabemos que no se desarrolla de igual manera en todos los espacios geográficos, y que tanto la estructura social y sanitaria como la gestión político-administrativa influye en esta terrible crisis.

El virus ha entrado en Gipuzkoa en un contexto político condicionado por una decisión particular de Iñigo Urkullu y su partido: el adelanto electoral. El peso de los comicios se ha sentido desde el principio en la gestión de esta crisis. ¿Cómo olvidar el empecinamiento de los representantes del PNV y del propio Urkullu en negar la evidencia e insistir en que se podían celebrar en la fecha establecida? Qué ridículo nos parece ahora, ¿verdad? Y qué poca credibilidad da a las decisiones del PNV y de Lakua.

Lo peor de una crisis como la que estamos viviendo es salir de ella sin haber aprendido nada. Pues eso es lo que parece que va a pasar en el PNV, porque la intervención de su portavoz en el Parlamento Vasco, el señor Egibar, en la Cámara en un momento como este tuvo momentos sonrojantes por el tono electoralista. “No es el PNV, es el virus”, clamó, como días después en esta misma tribuna, la señora Arrizabalaga.

Por supuesto que es el virus, pero también es el contexto en el que crece y se desarrolla. El COVID-19 ha atacado en la CAV a una estructura político-social-económica construida por el PNV desde Gasteiz y apoyada por el PNV desde Madrid: recortes en derechos laborales y sociales, en materia de sanidad, reforma laboral, una desastrosa gestión de las residencias …

Y además, ha llegado en un momento en el que el PNV está muy preocupado porque su influencia en Madrid está en entredicho y con ello su modelo “conseguidor”, que, hay que reconocer, no ha conseguido demasiado en las últimas tres décadas. Ahora parecen quejarse de este modo de trabajar en Madrid, pero lo han alimentado durante décadas, incluso ahora mismo. Cuando Urkullu busca la fotografía de un supuesto enfrentamiento con Sánchez, en realidad sigue la misma fórmula que siempre: el lehendakari mercadea con los votos de su partido en Madrid, no ejerce de máximo representante de la sociedad vasca.

El PNV insiste en ponerse las medallas de “conseguidor” para la CAV, cuando los logros conseguidos son mínimos y a estas alturas del partido, con el Estatuto de Gernika dado por muerto por la sociedad vasca, no tienen importancia. Al contrario, las consecuencias de su política en Madrid –apoyar las reformas laborales de Rajoy, por ejemplo, a cambio de mínimos y casi anecdóticos pasos adelante en una Ley de obligado cumplimiento- nos muestran ahora su efecto más devastador.

El PNV tuvo en sus manos caminar hacia un cambio en el autogobierno en la última legislatura -la que se empeñó en cerrar de manera apresurada- pero no quiso. Urkullu/Ortuzar cargan contra el centralismo de Sánchez después de pactar con su partido en la Ponencia de Autogobierno. La apuesta por pactar con PSE y Elkarrekin Podemos, es decir con las fuerzas que forman ese Gobierno que ahora tanto parece desesperarle, fue consciente, teniendo, como tuvo, la oportunidad de pactar con EH Bildu, con quien llegó a un acuerdo de bases.

En el la práctica, el PNV (el EBB, habría que decir, probablemente no su afiliación) no trabaja con el objetivo de cambiar el marco jurídico-político. Si lo sabremos la militancia de Eusko Alkartasuna, que les hemos puesto innumerables pistas de aterrizaje para hacerlo posible. El tándem Urkullu/Ortuzar no quiere avanzar en autogobierno, de lo contrario y pese a todos los problemas y errores de las últimas décadas, algo se habría conseguido. Ortuzar y Urkullu trabajan para continuar gestionando esta parte de Euskal Herria.

Por eso, carga contra sus socios del PSE –en el Gobierno Vasco, en el Gobierno de Nafarroa, en las diputaciones, en la Ponencia de Autogobierno, y, sobre todo carga contra EH Bildu con tópicos tan rancios que darían risa si no fuera porque constituyen graves insultos, no solo a sus representantes, sino al conjunto de sus votantes.

Esa necesidad de ponerse medallas, de identificar a EH Bildu con la Izquierda Abertzale tradicional, de obviar a Eusko Alkartasuna y su trabajo institucional en todos los ámbitos. Electoralismo y falta de memoria. Porque el PNV ha colaborado y gobernado con una parte importante de quienes formamos EH Bildu, no solo con EA, sino también con Euskal Herritarrok, con quienes llegamos a hacer un pacto de legislatura en el Gobierno Vasco que prendió una llama de esperanza y de ilusión en una gran parte de la sociedad vasca.

Los ataques a EH Bildu, intentar ponerse enfrente de Sánchez durante esta dura crisis, intentar hacer las elecciones en una fecha en la que sabemos que no se van a realizar con normalidad. Todo son movimientos electoralistas y realizados desde un miedo, reconocido por la señora Arrizabalaga sin mucho miramiento: que una posible unidad de acción de izquierdas les desaloje de Ajuria Enea.

Efectivamente, la lucha es contra el virus y también contra su contexto, contra las condiciones que le han hecho crecer y multiplicarse en los hospitales, centros de salud y residencias de mayores, contra las reformas laborales que han hecho que muchos y muchas de las trabajadoras de sectores esenciales no sean ni mileuristas. Obviar la necesidad de transformar el contexto en el que se ha desarrollado el virus supone no haber aprendido nada de esta situación. Y no recoger la mano tendida de EH Bildu es repetir esquemas que la sociedad ha desterrado.

Mikel Goenaga coordinador de Eusko Alkartasuna Gipuzkoa