Las primeras referencias que se encuentran de la finca de Artikutza remontan al siglo XIII. Artikutza formaba parte del término denominado Anizlarrea, propiedad de la Colegiata de Santa María de Roncesvalles.

La Colegiata explotó directamente o bajo arrendamiento la finca hasta el siglo XIX, en la misma además del pastoreo existieron otras actividades como las ferrerías, la extracción del mineral, carbón y el propio aprovechamineto forestal. Si bien con el paso del tiempo la población de Goizueta fue ganando derechos sobre los terrenos de Anizlarrea, finalmente estos se repartieron en 1815 con la firma de un acuerdo entre Roncesvalles y Goizueta, manteniendo la primera la titularidad de la actual Artikutza, mientras el resto del entorno pasó a manos de Goizueta.

La historia seguiría su curso, mientras los diferentes gobiernos liberales impulsaron un proceso desamortizador de los bienes de la iglesia y de sus órdenes religiosas, si bien en un principio Roncesvalles consiguió quedar exenta de este proceso gracias a las gestiones realizadas ante la reina regente Maria Cristina, a cuya caída estas tierras fueron finalmente expropiadas y subastadas al mejor postor, dando paso a que la finca pasara a titularidad privada.

A partir 1844 los propietarios irán cambiando, pasando por diferentes manos, que van tomando decisiones sobre el terreno como en el año 1896 cuando comienzan las obras para construir un ferrocarril minero, este ferrocarril uniría las minas con la estación de Renteria, algo tal vez inimaginable si damos un paseo por todos los bosques que rodean Artikutza, desde Bianditz, o rodeando lo que fue la presa de Enobieta.

En 1919 el Ayuntamiento donostiarra compró la finca de Artikutza, su último propietario, ordenando cercarla para evitar el paso del ganado, con la clara intención de mantener el agua del entorno limpia, ya que de ella se iba a abastecer la ciudad de San Sebastián, luego irían prohibiéndose el paso de vehículos e incluso de personas, a excepción del día 28 de agosto festividad de San Agustín, fiesta grande en el enclave.

Aun así seguía creciendo la necesidad de agua en nuestra ciudad y entre los años 1947 y 1953 se construyó el embalse de Enobieta, no cumplió con las expectativas, ya que por problemas geológicos no llegó nunca terminarse, quedando su capacidad reducida a la mitad de lo inicialmente proyectado, además diferentes problemas de filtración hacían disminuir su capacidad. Lo que hizo pasar el relevo al embalse de Añarbe para cumplir la función de abastecimiento de agua a la capital y Artikutza se convirtió desde entonces en una reserva natural y de agua.

En 2014 se derribarían 7 pequeñas presas para finalmente derribar en 2019 la presa de Enobieta.

*Información:

http://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/artikutza/ar-20648/

https://www.donostia.eus/ataria/es/web/ingurumena/natura-biodibertsitatea/artikutza/historia