Nota de prensa

Mayo se nos ha ido y aunque quizá no haya tanto que celebrar, el día 22 celebramos el día de la Biodiversidad. Este viernes, el 5 de junio, es el turno del Día del Medio Ambiente. Pero a pesar de lo duro e inesperado del coronavirus, no parece que hemos aprendido demasiado. Rápidamente queremos recuperar una llamada “normalidad” que no es sino la situación anterior a la pandemia, sin querer ver que precisamente esa “normalidad” era el problema y que tenemos que cambiar el sistema de raíz. Por otra parte, aunque ha quedado clara la relación directa entre la pérdida de biodiversidad y las pandemias, siendo ésta nuestra mejor inversión a futuro y la única que puede asegurar nuestra propia supervivencia, no hemos visto ni una sola medida ni plan que vaya en esa dirección y su conservación sigue sin ser una prioridad. Al contrario, hemos vuelto a una actividad frenética y con ella los enormes impactos en el medio. En las zonas de esparcimiento y en los accesos a los montes se han acumulado los coches y las basuras este mismo fin de semana pasado. Así, ¿a dónde vamos?

También ha quedado de manifiesto la relación entre el grado de contaminación y la incidencia del coronavirus, siendo mucho mayor y con más casos graves en las ciudades con pero calidad del aire. Pudimos ver durante el confinamiento cómo bajaba rápidamente la contaminación atmosférica y ello tiene una relación directa con nuestra calidad de vida y nuestra salud. Si no que se lo pregunten a los enfermos crónicos de las vías respiratorias. Encerrados en casa se empezó a extender la idea de que algo iba a cambiar, tenía que cambiar, pero pronto lo hemos querido olvidar. En China, si los niveles extremos de contaminación bajaron drásticamente en sus gigantescas urbes, haciendo posible de nuevo la visión a distancia, con la vuelta a la actividad esos niveles se han disparado, superando incluso los anteriores a la crisis. Pero es que aquí no está siendo muy diferente y a las carreteras ha vuelto rápidamente un tráfico intenso. Las calles de pueblos y ciudades han perdido la calma y el silencio. Ha vuelto el humo y el ruido, ¡qué poco ha durado! ¡Vamos, rápido, corre! No sabemos a dónde, pero ¡corre!

Se ha acabado el descanso también para la naturaleza y rápidamente ha vuelto a perder el espacio recuperado durante el confinamiento. Hemos salido con un hambre atroz de monte, playa, ríos y mar. Hemos salido todos a la vez y desbocados, pero a demás en el delicado momento de la reproducción de numerosas especies. Somos muchos y ejercemos una gran presión sobre el medio natural y no han tardado en producirse nuevas agresiones e impactos sobre aquel. Se nos ocurren numerosas preguntas, pero podrían resumirse en una: ¿hemos aprendido algo?

Pedimos un reflexión profunda, pero sobre todo acciones. El Cambio Climático está en ciernes y lo estamos provocando nosotros. Hacen falta cambios radicales y urgentes. Ya vislumbramos las consecuencias de nuestras acciones y está claro que si no cambiamos nuestro modo de funcionar y los paradigmas de la sociedad del futuro, difícilmente evitaremos el desastre. La Biodiversidad es nuestro seguro de vida, la que nos protege y sin duda nuestra mejor inversión. Siempre será la más rentable. Los políticos tienen la mayor responsabilidad, en eso no hay duda, pero no podemos por eso eludir la nuestra individual. Reivindiquemos, exijamos el cambio, porque otro mundo no sólo es posible, sino necesario.