Nota de prensa

Las obras que está llevando a cabo la Diputación Foral de Gipuzkoa para la construcción de una nueva carretera que unirá el Polígono 27 de Martutene y Astigarraga comenzaron la semana pasada y la primera consecuencia ha sido la destrucción de uno de los pequeños robledales que nos quedan en el entorno de Donostia. Se han talado robles de más de 80 años y con ellos numerosos ejemplares de especies acompañantes (cerezos, olmos, fresnos…). Pero es que además justo han empezado en plena primavera, que es cuando se reproducen la mayoría de los animales.

Se declara la Emergencia Climática, pero la Diputación Foral de Gipuzkoa parece ir en otra dirección, promoviendo la utilización del vehículo privado e impulsando la construcción de nuevas carreteras, normalmente en directo perjuicio del medio natural. El sábado se celebraba en todo el mundo el Día de la Biodiversidad. Sin embargo, por lo ocurrido, la Diputación parece querer demostrar que no está de acuerdo con esa celebración. ¿Es que no es clave y completamente necesario tratar de conservar la diversidad biológica que nos queda e incluso mejorar su estado? En este sentido, nos parece muy preocupante que la propia Diputación no haya impedido el desastre ya descrito, siendo como es, además, máximo responsable de la conservación de la biodiversidad.

Se trataba de robles de gran porte y de valor incalculable, un biotopo que concentraba una riqueza específica de fauna más que destacable, incluyendo especies amenazadas y protegidas (por ejemplo el lirón gris y el pico menor). ¿De verdad que no existía alternativa alguna para salvar el enclave? ¿Por qué han realizado la tala y los trabajos previos justo en plena época reproductora, cuando los daños son máximos? Por otra parte, llevamos tiempo reivindicando el cinturón verde de Donostia y hemos resaltado en numerosas ocasiones la importancia de Antondegi. La nueva carretera va en la dirección contraria, dificultando la función de ese entorno como corredor natural para la fauna, de manera que con la obra se perjudica también el propio cinturón verde de Donostia.

El daño ya está hecho y la pérdida del robledal es irreversible, pero todavía estamos a tiempo de reducir el efecto barrera de la carretera mediante la construcción de un paso de fauna en ese enclave, que pudiera favorecer la conectividad entre Antondegi y Lau Haizeta. La propuesta se la hicimos a la Diputación hace varias semanas y está en su mano corregir este grave nuevo problema.

Para concluir, nos parece que lo denunciado, por su gravedad, deja en evidencia la necesidad de impulsar, de una vez por todas, el cinturón verde de Donostia, promoviendo su protección y reforzamiento, creando incluso corredores verdes. Últimamente son demasiadas las agresiones a la integridad del cinturón verde que lo ponen en peligro y la Administración, en lugar de frenar los proyectos, los impulsa y promueve. Seamos coherentes con la Declaración de Emergencia Climática y protejamos el cinturón verde de Donostia.